La región del noroeste patagónico posee una historia cultural ligada a diversos procesos de ocupación, migración y colonización por parte del ser humano. Esta región, habitada originariamente por grupos cazadores recolectores durante miles de años, se vio transformada con la llegada del hombre blanco y la incorporación por parte del estado argentino durante fines del siglo XIX.

En la actualidad la ciudad de San Carlos de Bariloche cuenta con una economía basada en el turismo y un polo tecnológico importante. Es la ciudad más grande de toda la Provincia de Río Negro, con una población de 150.000 habitantes permanentes. En esta ciudad, enmarcada en el Parque Nacional Nahuel Huapi, se da un fenómeno de una sociedad multicultural. Formada en sus orígenes por grupos europeos representados por la colectividad italiana, española, vasca, germana, eslovena y por otro lado, inmigrantes chilenos y de las zonas rurales esteparias, descendientes mapuches que en diferentes oleadas fueron poblando en forma de asentamientos la ciudad. En la actualidad la población de la ciudad se encuentra habitando una extensa franja de la costa del Lago Nahuel Huapi y cerros aledaños, con un desarrollo urbanístico en crecimiento que tiene el desafío de hacerlo en armonía con la naturaleza.

Las características climáticas y geológicas, vientos predominantes del oeste y la presencia de la cordillera de los Andes, determinan que las precipitaciones se concentren en el sector occidental para ir disminuyendo rápidamente hacia el este. El clima es templado frío y seco, con un régimen de precipitaciones concentrado principalmente en el invierno. Estos factores permiten el desarrollo de una notable heterogeneidad de ambientes. La población de San Carlos de Bariloche se encuentra asentada y rodeada de un paisaje con montañas escarpadas, valles y lagos de origen glaciar que se cubren de variada vegetación boscosa hacia el oeste de la ciudad, mientras que hacia el este la población se encuentra en mayor contacto con un área ecotonal hacia la estepa patagónica.

 

Al inicio de La Semilla, una veintena de hombres y mujeres oriundos de diferentes puntos del país, generalmente de provincia de Buenos Aires o de la Capital Federal, nos juntamos por una escuela que tenga un compromiso con la integración del ser humano, que levante sus miras, que fuera la mejor escuela para nuestros hijos. Hoy más de cien adultos, entre migrantes nacionales, inmigración extranjera y nativos patagónicos; integran el impulso.